Posteado por: smerino | Agosto 21, 2009

crónica que habla de pañales y de celulares

Eduardo Galeano, periodista y escritor Uruguayo

(Para mayores de 40)
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
¡Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!

¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.
Eduardo Galeano

Posteado por: smerino | Agosto 21, 2009

Universidades: la incompetente formación por competencias

Observamos, pues, estos formularios modernos que nos desprecian y nos aburren, leemos los textos neoliberales y hamburgueseros de las competencias y del tuning, pero observamos cómo los tratos humanos van desprestigiándose y deteriorándose. Si antes era un honor para un estudiante ser invitado a la casa de sus maestros, hoy se ve aquello como algo sospechoso. El viejo encanto de la universidad va derivando en conocimiento chatarra.

Por Juan Guillermo Tejeda*

Quienes somos profesores universitarios maduros, o de madurez avanzada, contemplamos a veces con distancia, si no con incomodidad, los usos pedagógicos de esta era global y anglosajona donde la universidad ha llegado a ser una industria. Andan rondando mucho formulario y mucha metodología cuadriculada en estado puro. Lo que está de moda es la enseñanza por competencias.

Los expertos internacionales han determinado -en inglés- un listado de áreas en que los estudiantes deben ser competentes. Y el paso por la universidad consiste cada vez más en una suerte de escalera donde los peldaños son el dominio de estas competencias: capacidad de análisis y síntesis, resolución de problemas, trabajo en equipo, liderazgo, conocimiento de culturas y de costumbres de otros países, compromiso ético, orientación a resultados, etc. ¡El compromiso ético es la competencia número 28, equivalente a “habilidades de búsqueda” o “interés por la calidad”!

Este sistema tiene la virtud de operar como un software universal, es decir, aplicable en cada país y cada universidad, de tal manera que un estudiante de arquitectura de San Luis Potosí puede hacer dos semestres en su ciudad, otro en Amsterdam, y concluir luego sus estudios en Vancouver, y pese a las lógicas diferencias, las competencias serán las mismas. Es lo que se llama el “tuning” o estar todas las universidades en la misma onda.

La mayoría de las competencias se orientan a la producción de resultados, no al mero almacenamiento de saberes, y eso es evidentemente un avance. Los estudiantes hacen suyas determinas habilidades, conocimientos y actitudes, y son capaces de aplicarlas en los tratos con la realidad.

La enseñanza por competencias, además, puede ser medida, y esa es otra obsesión del sistema: que lo hecho en el aula sea finalmente judicializado, y salgan de allí el estudiante con su nota y el profesor con su evaluación, obtenidas ambas mediantes parámetros objetivos, ojalá a través de formularios. Adicionalmente, el sistema hace florecer a una serie de funcionarios anónimos, burócratas del método, guardianes de la abstracción pedagógica.

Ocurre, sin embargo, que en el mundo real la actividad pedagógica se desarrolla entre seres humanos, todos distintos entre sí. Y si bien es cierto que la formación por competencias tiene sus ventajas, también es verdad que se queda sólo en ciencia pedagógica. La ciencia nos tranquiliza porque es objetiva y funciona sobre la base de previsiones. Pero la pedagogía humanista, la de las universidades públicas tradicionales de raigambre europea, ha sido siempre más un arte que una ciencia: el arte entendido del modo como los clásicos hablaban de “el arte de la navegación” o de “el arte de la política” o incluso de “el arte de amar”. Un sistema de saberes a veces objetivos, a veces ocultos, que arranca de la tradición y se basa en el respeto a las personas tal como son, con su aura, con su energía variable, y no como los formularios suponen que son.

Si la ciencia genera casi siempre una serie de casilleros y casos típicos u objetivos a los cuales hay que amoldarse anónimamente (insuficiente, bueno, excelente, normal, fuera de norma, 90% de cumplimiento, 60%, 10%, o bien un 1, un 4, un 7, aceptado, rechazado, etc.), el arte se centra en los sujetos y en los pliegues o rizomas de su crecimiento personal. Más que lo que se enseña vale en verdad lo que se aprende, y el modo como cada cual se apropia de lo que necesita para su propio crecimiento, en condiciones intransferibles. El saber es algo que se pasa de mano en mano, artesanalmente.

La pedagogía humanista tradicional, centrada en las personas, se desarrolla a partir de la dialéctica maestro-discípulo, entendiendo que el discípulo al crecer emprenderá su viaje en solitario y se hará finalmente maestro, y que el maestro, a su vez, cambia cada vez que enseña. La objetividad cuenta aquí menos que las afinidades naturales. Nada que ver con una tijera podadora universal. La pedagogía se entiende, pues, sobre todo, como el esfuerzo por asegurar un ambiente y unos recursos donde el crecimiento de estudiantes y profesores sea posible en condiciones de libertad, respeto, equidad, herramientas y espacios adecuados, consideración por los deseos de cada persona individual, confianza en las curiosidades auténticas de cada uno, etc…

Cada cual conoce su propio ritmo de aprendizaje. A nadie “se le aparece” un saber estudiando para una prueba o marcando una crucecita en el formulario de un examen. Aprendemos en los momentos más inesperados, y crecemos sin darnos cuenta aunque al mismo tiempo sabemos distinguir si estamos aprendiendo o estamos perdiendo el tiempo, y lo sabemos sin necesidad de notas: el aprendizaje es transformación y habitación del propio Yo, incluso del propio cuerpo, y claramente percibimos esos cambios.

Observamos, pues, estos formularios modernos que nos desprecian y nos aburren, leemos los textos neoliberales y hamburgueseros de las competencias y del tuning, pero observamos cómo los tratos humanos van desprestigiándose y deteriorándose. Si antes era un honor para un estudiante ser invitado a la casa de sus maestros, hoy se ve aquello como algo sospechoso. En algunas universidades norteamericanas tomar un café un académico con una alumna puede ser un delito. Es efectivo lo que señala George Steiner respecto a los maestros abusones y a los discípulos traicioneros, pero como él mismo anota, esos son los riesgos inherentes a toda relación humana. Cuando reducimos el riesgo reducimos la humanidad. El viejo encanto de la universidad va derivando en conocimiento chatarra.

En fin, si un profesor quiere realmente hacer lo correcto debe estar preparado para que las evaluaciones que resulten de los formularios sobre su desempeño no le salgan muy buenas. Y es que la médula de lo que realmente se enseña y se aprende, lo que nos transforma como personas, no aparece en las evaluaciones ni en las metodologías abstractas. El arte de la cocina, el arte de hacer familia, el arte de aprender y enseñar, el arte de ser personas íntegras, no son reducibles a competencias.

Por eso es que quienes enseñamos en las universidades públicas debemos luchar por nuestras convicciones. Buscamos la calidad, y nos sentimos obligados a actuar de manera transparente. Es nuestro deber. Sin embargo, eso no quiere decir que vamos a tirar a la basura nuestra gloriosa tradición humanista para reemplazarla por una carpeta digital con organigramas y formularios de evaluación abstracta.

*Guillermo Tejeda es académico de la Universidad de Chile.

Publicado en: Elmostrador.cl – Opinión – 21 de Agosto de 2009

Posteado por: smerino | Agosto 14, 2009

La porfiada inequidad del sistema tributario chileno

http://www.Elmostrador.cl Publicado 14 de Agosto de 2009

Opinión

En nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Por Alexis Guardia B.*

En las grandes contiendas electorales que se dan en los sistemas democráticos es normal y sano que el tema tributario forme parte de la agenda de discusión política. En general los programas de gobierno que disputan la adhesión mayoritaria del electorado conllevan aumentos de gasto público que es necesario saber como se van a financiar o bien implican reducción de gasto o de impuestos de los que es importante conocer sus destinatarios.

En ambos casos no es menos relevante dar cuenta como estas proposiciones  afectan el nivel de actividad económica y la distribución del ingreso. La discusión del tema tributario tiene la virtud,  no obstante sus complejidades técnicas, de hacer confluir la economía y la política pues el sistema tributario puede ser modificado democráticamente por el Ejecutivo y el Parlamento. Por lo tanto en este campo no hay derechos adquiridos ni privilegios cuando el sistema depende de la voluntad ciudadana.

Ahora bien, en nuestra actual contienda presidencial pareciera que el tema tributario, y con mayor razón una reforma tributaria, fuera un invitado de piedra al que hay que ignorar. El pensamiento conservador argumenta que dado que el precio del cobre empieza a recuperarse y la crisis global estaría viendo la luz al final del túnel, no hay que preocuparse de los impuestos, pues podremos seguir gozando de las rentas cupríferas sin tocar el sistema tributario.

Si viviéramos en un país escandinavo, europeo o en los Estados Unidos podríamos pensar que en la actual situación y en lo inmediato el tema impositivo no es relevante, pero tengamos claro que el sistema tributario en esos países no está asentado en la volatilidad del precio de una materia prima y la equidad de dicho sistema es muy superior al nuestro. Tampoco la situación recesiva que vive nuestra economía es razón para ignorar el tema tributario aduciendo que ello puede afectar las decisiones de inversión. La verdad es que nadie hace una reforma tributaria que signifique menor crecimiento y menor inversión.

El problema de fondo es que el sistema impositivo heredado del régimen militar se caracteriza por su inequidad, es decir por los beneficios exagerados que ella contiene particularmente para las personas con mayor capacidad económica. La Concertación ha ido modificando parcialmente esta situación por la vía de: aumentar el impuesto a las utilidades de las empresas en 1990 y 2002, alcanzando actualmente a un 17%, mientras hace veinte años era de solo 10%; reducir la tasa marginal máxima de los impuestos personales primero en 1995 y después en 2002, llevándola desde el 50% existente en 1990  al 40% actual , todo ello para “desahogar a la clase media”; reducción de los aranceles a las importaciones de 20% al 6%; el 2005 se elimina la franquicia tributaria conocida como 57bis promulgada en los años 80 y que permitía a los accionista rebajar en 20% su base imponible por el valor de las acciones de primera emisión en su poder (beneficio al 1% más rico de los chilenos); nuevas normativas y mejoría en cantidad y calidad del personal de impuestos internos, para evitar la evasión y elusión el 2001 y que significaron el 2004 recaudar más de 900 millones de dólares por reducción de la evasión.

Sin embargo, los cambios logrados en los últimos veinte años  no permitieron volver a los niveles de carga tributaria de principios de los ochenta, cercanos al 20% (2006 fue 18%). La estructura tributaria se ha concentrado en los impuestos al consumo de naturaleza regresiva,  priorizando la eficiencia en la recaudación por sobre los aspecto de equidad. Y el sistema tributario sigue caracterizado por su inequidad, y principalmente  por la elusión y franquicias que en la práctica son una de las principales fuentes de la inequidad. Respecto a esta última el Servicio de Impuestos Internos (SII) publica anualmente un informe de lo que ellos llaman “Gasto Tributario”, es decir la pérdida de recaudación asociada a las principales franquicias y tratamientos especiales en el IVA y el impuesto a la renta. De acuerdo al SII estas franquicias se estimaron para el año 2008 en 4,6% del PIB, es decir 7.800 millones de dólares.

El  70% de estas franquicias están en principio destinadas a estimular el ahorro y la inversión por la vía de postergar la tributación de las utilidades reinvertidas con lo cual el contribuyente tiene un crédito estatal a 0% de tasa de interés. Paradojalmente el ahorro privado se  ha ido reduciendo sistemáticamente. como porcentaje del PIB de un 6% el 2003 a un 3,3% el 2007. Franquicias también se dan en la depreciación acelerada, y las rentas destinadas a fondos de pensiones; otras franquicias de este paquete benefician la actividad  inmobiliaria vía exención del pago  del IVA, la actividad de la educación y la salud, transporte, seguros y otros. Según estudio del SII del 2005 se constata una concentración de estas franquicias en el quintil de mayores ingresos.

En este sentido estas preferencias son claramente regresivas sin que se manifieste un crecimiento del ahorro. Una de las franquicias  más regresivas es la de salud y educación, cuyos establecimientos al estar exentos de pago de IVA se les permite ofrecer servicios a precios más bajos a los sectores de más altos ingresos del país quienes son los que compran educación y salud.

Podemos concluir que en materia tributaria la Concertación no ha concluido su tarea de corregir la inequidad y aumentar la recaudación tributaria, el tema de las franquicias es uno de los ejemplos pues al parecer desde el punto de vista social muchas de ellas no se justifican.

*Alexis Guardia B. es economista.

Posteado por: smerino | Marzo 31, 2009

Apuntes de Sistemas de Información

Posteado por: smerino | Diciembre 5, 2008

Matriz de proceso para Informe I Desarrollo de Sistemas

Estimadas(os) Alumnas(os)

Adjunto encontrarán un archivo PDF con ejemplos de matrices de proceso que describen las funciones de las áreas de contabilidad y presupuesto y el flujo de la información entre cada una de sus unidades.

Bajar Archivo PDF
 

Atentamente
Sergio Merino M.

Posteado por: smerino | Noviembre 4, 2008

Apuntes X de Ingeniería de Sistemas / Modelamiento de datos

Estimadas(os) alumnas(os)

Acá les dejo el último apunte de Ingeniería de sistemas y Modelamiento de Datos para los alumnos del Curso 04-PEC-INT

Bajar acá archivo en formato Word

Sergio Merino M.

Posteado por: smerino | Noviembre 4, 2008

Presentación sobre UML

Estimadas(os) Alumnas(os)

Acá les dejo una muy buena presentación sobre UML enfocado a los procesos de negocios…

Bajar acá archivo de Presentación

Sergio Merino M.

Posteado por: smerino | Octubre 16, 2008

Algebra relacional y SQL

Estimadas(os) Alumnas(os)

Acá encontrarán presentaciones realizadas por alumnos del IPLA en semestre 1 del año 2008, respecto a los temas de Algebra relacional y Lenguaje de Consultas SQL.

algebra-relacional_r_d_a

algebra-relacional_u_i_d

normailizacion

Presentacion sql

sql_grupo_5

Atentamente

Sergio Merino M.

Posteado por: smerino | Octubre 11, 2008

Apuntes de apoyo a primera parte informe

Estimadas(os) Alumnas (os)

Acá les dejo un apunte con lo visto en las últimas clases con los ejemplos y teoría respecto a la confección de la declaración de propósitos, el diagrama de contexto y la lista de acontecimientos.

Click acá para bajar documento en formato Word

Atentamente

Sergio Merino M.

Posteado por: smerino | Octubre 7, 2008

Pauta de Evaluación Estudio Situación Actual

Presentación

5%

Resumen Ejecutivo

10%

Antecedentes Generales

10%

Marco Referencial

10%

Campo de Actividad

15%

Estrategias de Solución

15%

Análisis de Factibilidad

15%

Carta Gantt

10%

Conclusión

5%

Bibliografía

5%

Nota Final

100%

Sergio Merino

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